Concepción y preparación del viaje:

La ruta planeada desde Kuala Lumpur nos indicaba que el próximo destino serían las Cameron Highlands. Un pequeño refugio del calor y la humedad; cualidades de las que suelen presumir la gran mayoría de territorios del sudeste asiático. Casacas a la mano y enrumbamos.

Experiencias:

Cambios de aire

Los días en Kuala Lumpur venían siendo de calor intenso. A esto, además, se suman las deshidratantes temperaturas de India y Sri Lanka que había dejado atrás solo unas semanas antes. A menos de cuatro horas en bus estábamos a 1600 m.s.n.m. Respirábamos aire seco y sobre todo muy, muy limpio. Lo primero en la agenda era buscar donde instalarnos. Caminando encontramos un hospedaje en pueblo de Tanah Rata (Tierra Plana en Malayo). Lo segundo era conseguir una moto en alquiler, sin problemas hasta ahí. La tercera tarea no estaba en los planes. Tendría que demostrar a la dueña de la moto que podía manejar del lado opuesto al que estoy acostumbrado; demostrar a Ana que podía maniobrar una moto en esas subidas y de paso aprender a usar cambios en una moto. Todo en una sola movida.

El resultado, pésimo. Me pegué al otro lado, se me apagó la moto y terminé estrellándome con la llanta de un camión estacionado a unos metros. Convencí a los involucrados que estaba un poco oxidado después de tanto tiempo sin conducir y nos fuimos. Lejos del estrés logré conducir la moto como si hubiese sido mi único medio de transporte por años.

De paseo

De las actividades que hay para hacer en Cameron Highlands, quizás la más entretenida es la que une a todas estas: andar en la moto. Así que marcamos algunos puntos en el mapa, llenamos el tanque de gasolina y enrumbamos. A solo pocos kilómetros comenzaron a aparecer los carteles de los huertos de fresas. “Strawberry Farm”, “Pick up your own”, “Best in town”.

Así que entramos a uno. Al entrar vimos efectivamente los huertos de fresas y probamos muchos de los derivados que producían artesanalmente. Hacía mucho que no comía una mermelada real. Una vez que logramos despegarnos de los postres seguimos la ruta.

Otra infaltable parada era incursionar por los campos de cultivo de té. Entre el tráfico de fin de semana y la carretera en subida, la ruta se había vuelto un tanto adrenalínica, más aún con Ana atrás golpeándome para que frene. Estacionamos la moto en un punto y nos bajamos. Hacia un lado un acantilado con una vista verde espectacular. Hacia el otro sembríos de té. Interminables extensiones de arbustos verdes con mínimas separaciones entre ellos. Separaciones que invitan a caminar a través de ellas. Las posibilidades de rutas con la moto son infinitas, así llegamos al pueblo de Bringchan: mariposarios, jardines de cactus, jardines de lavandas y de rosas, etc.

La devolución de la moto tendría que haber sido grabada. Blooper de calidad. Por ponerme en posición de conocedor enganche la moto en primera y me bajé para hacerla pasar a través de una puerta del local. Una puerta normal de acceso peatonal que tenía una grada. Pasó la moto por la puerta dando un salto y yo quedé atrás. De alguna forma acabé dentro del local con la moto encima mío.

¡Al monte!

Por la noche conocimos a Vicky y Charlie, dos gallegas de altísimo sentido del humor, que entre el alcohol y su peculiar acento nos hicieron pasar una noche muy divertida. Para la mañana nos dispusimos los cuatro a incursionar el monte. Mochilas en la espalda y nos dispusimos a caminar. Objetivo: subir a la cima del monte Brinchang, el más alto de los ocho montes que hay en la zona, con poco más de 2,030 msnm se eleva unos 400 metros sobre la altura media de ciudad. El inicio del sendero no estaba cerca, pero teníamos energía, agua y comida. El cielo empezó a cerrarse y terminamos haciendo dedo para evitar mojarnos en la lluvia que se asomaba.

Llegamos al inicio del sendero y empezó la lluvia. Después de poco más de dos horas a través del monte y ahí estábamos, disfrutamos de la vista, de la comida, del sol y por supuesto, la lluvia.

Para bajar seguimos por una ruta distinta a la de subida. Llegamos así al “Mossy Forest”, un bosque con un sendero elevado hecho de plástico y madera. Un tanto decepcionados por el lugar prefabricado continuamos la marcha. Entre canciones y alaridos nos dimos cuenta que estábamos en las mismas plantaciones de té que habíamos estado el día anterior así que decidimos visitar otros jardines botánicos que estaban en la ruta.

Nos deteníamos a comer algo de fruta o galletas en la ruta de cuando en cuando, y así llegamos de vuelta a la carretera. Para entonces eran pasadas las cuatro de la tarde y la pronta oscuridad nos obligaba a volver. Nuevamente volvimos a casa haciendo dedo.

La flor más grande del mundo

Sí, una de las cosas que más me entusiasmaba era ver la famosa flor de Raflessia. Habitan en lugares particulares del sudeste asiático y en el Amazonas brasilero, según dicen. Como si fuera poco, una vez abierta, vive no más de siete días. Terminamos sumándonos a un tour que nos llevaría a la selva de Ipoh a buscar dicha flor. La “turi-aventura” estuvo muy buena. Fuimos a través de la selva húmeda sorteando algunos obstáculos, llenándonos de agua y lodo. Lo más divertido era ver como nuestros compañeros de tour sufrían al no estar preparados en absoluto para una caminata a través de la selva. Si bien la caminata era corta, el sendero era muy resbaloso y por partes empinado – había que usar la manos.

Finalmente llegamos, ahí estaba, en una pequeña colina en bajada. Decían que tendría olor a carne podrida. Pero solo al acercar la nariz muy cerca pudimos apreciarlo. La flor es magnífica, no tiene casi tallo, tampoco tiene hojas, sólo cinco pétalos formando un circulo de poco menos de 80 cms. alrededor de lo que pareciera ser una boca de espinas.

La vuelta estuvo igual de divertida: Zapatillas urbanas zambullidas en lodo, jeans mojados, camisas elegantes rasgadas y rostros maquillados con mucho barro. Pareciera que los muchachos hubiesen bajado en ese momento del avión ejecutivo directamente en la selva; nos subimos al jeep y emprendimos la vuelta.

Al volver perdimos el bus que nos llevaría al siguiente destino pero logramos hacer que nos lo validen para el día siguiente. Fuimos a comer un tradicional “steam boat”, lavamos la ropa y nos tumbamos a dormir. Al día siguiente partiríamos. O al menos lo intentaríamos.

#KeepChasquing

#ChasquiMode

#ChasquiTips:

  • Malasia tiene muchísimo, una geografía impresionante, y una historia riquísima, descúbrela, no la descartes en tu viaje por el sudeste.
  • Ven listo/a a caminar, disfrutaras mejor de todo lo que ofrece.
  • Dependiendo de la época que vayas puede ser que las lluvias te obliguen a improvisar, así que andar con un poncho o un paraguas podría facilitarte algunas caminatas.
  • Compra fruta en los puestos al lado de la carretera, suele no ser muy caro.

Información y recomendaciones para el viaje:

Fechas del viaje:                    Julio 2016

Clima durante el viaje:             Soleado y frío a la vez. Lluvias por las noches.

Elementos y accesorios recomendables:

  • Camisa que te proteja del sol y te mantenga fresco.
  • Lentes de sol.
  • Mapa para planificar tu ruta.

Café: Es tierra de té. A tomar té viajero!

Contacto de información al viajero i:

Malaysia Tourism Office

http://www.malaysia.travel/en/intl

Malaysia Tourism Office – Pahang

http://www.pahangtourism.org.my/